La eficiencia energética —que incluye el ahorro de energía a nivel residencial, industrial y municipal— reviste importancia crítica para alcanzar las metas nacionales relativas a la energía y el cambio climático que se han fijado países de todo el mundo. La eficiencia energética sigue siendo la opción de menor costo para cumplir los compromisos nacionales referidos al cambio climático.
Por esta razón, la eficiencia energética se denomina a menudo “el primer combustible”, es decir, el recurso que se debe utilizar antes que cualquier otra alternativa energética.
Además de reducir las emisiones, la eficiencia energética tiene otros beneficios para el desarrollo: mayor seguridad energética, menor presión sobre los presupuestos nacionales y de los hogares, mayor confiabilidad de los sistemas de energía eléctrica, mayor competitividad, y mejora de las operaciones en sectores fundamentales, como la educación y la salud.
Sin embargo, a pesar de este enorme potencial, la eficiencia energética sigue estando subutilizada debido a barreras políticas, técnicas y financieras. Los países y las instituciones de desarrollo como el Grupo Banco Mundial han comprobado que para implementar con éxito programas de eficiencia energética a escala se requiere un compromiso a largo plazo. El financiamiento debe adecuarse a los mercados locales y estar respaldado por políticas, regulaciones y, en algunos casos, incentivos adecuados.
Actualmente, los países están desarrollando la próxima generación de programas para aprovechar este enorme potencial, los que comprenden la compra agregada de aparatos y equipos de bajo consumo de energía; la creación de fondos renovables, y la mejora de la normativa de los países.
La Corporación Financiera Internacional (IFC), institución que forma parte del Grupo Banco Mundial, promueve el crecimiento sostenible y el desarrollo del sector privado invirtiendo en proyectos de infraestructura industrial y comercial que revisten importancia crítica y velan por la eficiencia en la utilización de los recursos.
IFC ha logrado agrupar transacciones más pequeñas mediante el uso de líneas de crédito combinadas con servicios de asesoría y financiamiento combinado, por ejemplo, a través del Programa de Financiamiento para la Eficiencia Energética en las Empresas de Servicios Públicos en China, que ha proporcionado más de 625 millones de dólares en el marco de los mecanismos de distribución de riesgos que ofrece IFC.
Este programa ha financiado 222 proyectos de eficiencia energética y Energías Renovables que, según lo previsto, reducirán las emisiones de dióxido de carbono en más de 20 millones de toneladas anuales.
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