“El sector eléctrico de América Latina está bien posicionado para ser el principal impulsor en el auge del hidrógeno limpio”

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América Latina cuenta con algunos de los recursos de energía renovable más abundantes y competitivos del mundo, incluyendo la energía hidroeléctrica, la energía solar y la eólica. Los elementos que hacen de la región un líder mundial en energías renovables pueden facilitar un ascenso similar para la producción de hidrógeno limpio en esta década. Pero es importante señalar que, para estimular la inversión, las economías deben ser apoyadas y mejoradas a través de políticas y programas de incentivos de mercado.

Tomemos como ejemplo la industria fotovoltaica. La energía fotovoltaica ha demostrado que con el marco político adecuado y aplicado con éxito, el mercado no solo se estimula, sino que además ha llevado a una gran reducción de los costos. Los precios medios de la energía fotovoltaica en los Estados Unidos cayeron un 89%, de 359 dólares por MWh en 2009 a 40 dólares por MWh en 2019. La importante subasta de energía llevada a cabo en México en 2017 entregó precios de 20 dólares por MWh. Las políticas de energía limpia con objetivos y marcos claros aplicadas en los países de América Latina en los últimos años dieron lugar a subastas de energías renovables que fueron sobresuscritas. Las políticas también generaron precios de electricidad entre los más bajos del mundo, al tiempo que inyectaban miles de millones de dólares de inversión directa en sus economías.

El sector eléctrico de América Latina está bien posicionado para ser el principal impulsor de un auge del hidrógeno limpio, ya que el ritmo de los proyectos de energía solar y eólica sigue acelerándose. Sin embargo, en algunos casos, su carácter intermitente crea desajustes entre la oferta y la demanda de electricidad en el sistema, lo que lleva a los operadores de la red a interrumpir temporalmente la generación cuando ésta supera la demanda. Esto reduce el rendimiento de las inversiones. Se necesitan baterías fiables y rentables para hacer frente al problema. El almacenamiento basado en el hidrógeno se está perfilando como una solución técnicamente viable y eficaz, pero hay que hacer más para fomentar una industria competitiva.

Según el último informe de la IRENA sobre el hidrógeno y las energías renovables, el coste medio más bajo de la producción de hidrógeno a partir de la energía eólica es de 23 dólares por MWh. Hay consenso en que la reducción del costo de almacenamiento ayudará a maximizar el uso de la generación de energía renovable, reducirá las importaciones de energía y contribuirá a la prosperidad económica. Hay aliados naturales en este esfuerzo. Los responsables de la formulación de políticas y los reguladores, junto con las empresas eléctricas y los inversores en energía renovable, están cada vez más alineados con objetivos y metas similares. América Latina no tiene que empezar de cero; hay importantes lecciones que se pueden aprender de todo el mundo. Los proyectos de hidrógeno limpio que se están desarrollando en Asia, Europa y Estados Unidos podrían conducir a políticas, programas e industrias robustas. Las lecciones aprendidas y las mejores prácticas de los primeros adoptadores pueden ser cosechadas y adaptadas para desarrollar mercados exitosos de hidrógeno.

En América Latina, Chile podría surgir como líder del mercado del hidrógeno limpio, ya que el país tiene un excedente de producción de electricidad solar y eólica que podría aprovecharse para producir hidrógeno. El Gobierno ya está elaborando su conjunto de medidas de estímulo para la etapa posterior a la pandemia, centrándose especialmente en la descarbonización de la energía para 2040, con el respaldo de políticas agresivas orientadas al crecimiento y al ulterior despliegue de la energía renovable y la movilidad eléctrica. El Ministerio de Energía incluso está trabajando en un plan específico para desarrollar un mercado del hidrógeno. Además, el Gobierno de Chile está recabando la participación de sus sectores energético y de la energía para que se sumen a este esfuerzo. El éxito de Chile en el despliegue de la energía solar y eólica, junto con su nueva estrategia de descarbonización, puede ser un sólido ejemplo para el desarrollo de mercados de hidrógeno sostenibles y sólidos en toda la región.

Para muchos países de América Latina, uno de los desafíos más espinosos para reducir las emisiones de su sector de transporte. Incluso mercados de energía renovable muy promocionados, como el de Costa Rica, han luchado por reducir el consumo de combustibles fósiles para el transporte. El hidrógeno muestra que hay una solución posible. De hecho, el hidrógeno puede ayudar a descarbonizar el sector de los combustibles, muy probablemente como fuente para el transporte pesado, como los autobuses y camiones de larga distancia, los trenes, los barcos y los aviones.

El entorno actual de bajos precios del petróleo está proporcionando a muchos países un alivio de los onerosos subsidios a los combustibles. De hecho, en algunos mercados como el de Ecuador los están eliminando por completo. Podría ser prudente considerar la aplicación de algunos de estos ahorros para promover la modernización de su infraestructura de transporte público para dar cabida al uso de combustibles limpios y, por extensión, apoyar el desarrollo económico y la reducción de las emisiones de CO2.

Las compañías petroleras nacionales han tenido que cerrar las refinerías debido a la reciente caída de la demanda de combustible causada por los cierres en la lucha contra la pandemia de COVID-19. Este cierre forzoso podría brindar la oportunidad de utilizar el tiempo para modernizar el equipo y capacitar a los trabajadores en la producción de combustible de hidrógeno. La adopción de esas medidas a corto plazo permitiría dar un paso importante hacia la diversificación al tiempo que se hace la transición a los combustibles no contaminantes. En algunos casos, las empresas petroleras y de gas pueden obtener financiación a bajo costo, además de contar con la infraestructura, los canales de distribución y los conocimientos técnicos necesarios para producir combustibles. A medida que los países salen de la pandemia y examinan las políticas y los planes de estímulo para reactivar sus economías, los gobiernos deberían seguir considerando la posibilidad de elaborar hojas de ruta que incluyan la promoción del hidrógeno no contaminante para descarbonizar sus sectores de la energía y el transporte.

Uruguay es un claro ejemplo de que las asociaciones entre el sector público y el privado pueden trabajar para desarrollar un mercado local del hidrógeno y uno que pueda informar a los países vecinos. La compañía petrolera nacional ANCAP junto con el gobierno, la compañía nacional de electricidad UTE, el Banco Internacional para el Desarrollo (BID) e inversores privados están desarrollando un proyecto piloto para producir hidrógeno utilizando energía renovable para alimentar camiones y autobuses, y para apoyar la electricidad verde a través del almacenamiento. Esto se alinea con el objetivo del gobierno de alcanzar el 100% de renovables para 2030. Se elaboró una hoja de ruta integral promulgada en 2010 con objetivos claros e hitos específicos que incluye la colaboración activa de los diversos organismos públicos con funciones específicas para alcanzar la meta. La política también exige reglamentos y normas que promuevan el uso de las energías renovables en todos los sectores de la economía, lo que convierte a Uruguay en un líder en materia de energía renovable en el Cono Sur. La inclusión de los sectores energéticos tradicionales en el proyecto piloto de hidrógeno podría ayudar al país a alcanzar su objetivo de descarbonización antes de lo previsto.

Como subraya el ejemplo del Uruguay, las políticas bien elaboradas y la aplicación satisfactoria de los reglamentos son esenciales para atraer inversiones extranjeras y nacionales. Se dispone de la tecnología y los recursos necesarios para producir hidrógeno limpio. La fabricación a escala para lograr la rentabilidad ya se está llevando a cabo gracias a los programas de promoción del hidrógeno en todo el mundo. El perfil de inversión actual y las cantidades en alza para la energía renovable han mostrado a los numeroso actores y protagonistas –desde Wall Street hasta agencias multilaterales y bancos locales e internacionales– dispuestos a invertir en tecnologías renovables, como lo demuestra en particular la escala de los niveles de despliegue de la energía eólica y solar. Además, la capacidad potencial de las empresas de petróleo y gas para producir y suministrar hidrógeno debería facilitar y acelerar su adopción en América Latina.

Los gobiernos de toda la región también deberían considerar la posibilidad de participar directamente en el mercado del hidrógeno limpio. Al servir como clientes, los gobiernos pueden seguir apoyando y desarrollando una masa crítica para una rápida adopción mediante la inversión y la modernización de la infraestructura de transporte del Estado. Además, los gobiernos deberían considerar la posibilidad de ofrecer incentivos fiscales a la industria pesada y a los proveedores tradicionales de combustible para que adopten la tecnología. Las lecciones aprendidas del desarrollo de programas exitosos de energía renovable deberían inspirar la voluntad política de hacer del hidrógeno limpio el siguiente eslabón de la cadena para lograr economías de cero carbono para esta generación en toda América Latina.

La crisis originada por la pandemia de Covid-19, junto con la persistente amenaza del cambio climático, hacen que el hidrógeno limpio se perfile como una posible solución para la recuperación energética y económica de la región.