El T-MEC ¿Incide en la industria fotovoltaica?

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La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte concluyó con la firma estampada de los presidentes de Estados Unidos y México y del Primer Ministro de Canadá, el pasado 30 de noviembre en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en el marco de la reunión del G 20.

Insólito una firma de esta naturaleza en un país que no es integrante de este acuerdo comercial.

Se renovó el acuerdo y su nombre se transformó en T-MEC, pero aun falta que sea ratificado por los tres congresos nacionales; hasta entonces y meses después entraría en vigor.

¿Afecta el nuevo acuerdo comercial a la pujante industria fotovoltaica mexicana?

Lineamientos específicos sobre la materia aun se desconocen, lo cierto que en otras áreas productivas los cambios han sido calificados como sustanciales tanto en la industria automotriz y de auto partes como en manufacturas de acero y textiles, entre otras.

Sin embargo, los cambios en el comercio regional y de insumos locales que se deben considerar en aquellas industrias deberán ser analizados por los actores de la industria fotovoltaica nacional; pues en este momento el Contenido Nacional en el sector solar en México es menor.

Una vez más, la consultora de negocios global KPMG México nos comparte un reporte sobre los lineamientos generales de este nuevo acuerdo comercial entre los tres países de la región.

Una renovación planteada por el gobierno de Washington y a la que se sumaron sus vecinos de manera cautelosa, pero al final convencidos de continuar con el fortalecimiento de un crecimiento comercial trascendente en una de las zonas más vitales del comercio internacional.

Una vez más, Pv-magazine México agradece la confianza de César Buenrostro, socio líder de comercio internacional y aduanas de KPMG, así como de la propia consultora de negocios que en la República Mexicana cuenta con más de doscientos socios y tres mil consultores profesionales. Gracias por la confianza hacia este proyecto editorial.

Aquí la colaboración de César Buenrostro para los lectores de nuestra revista.

La firma del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) también conocido como USMCA, el 30 de noviembre de 2018 en la Cumbre del G20 en Buenos Aires, Argentina, contribuyó a reducir la incertidumbre con respecto a la renegociación y modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); sin embargo, todavía debe ser ratificado por los tres países miembros para estar en posibilidad de que entre en vigor el primer día del tercer mes siguiente a aquel en que la última parte notifique por escrito a las demás que se hubieron terminado los procesos internos correspondientes.

Frente a esta realidad en el ámbito del comercio exterior, que se suma a los aranceles al acero y al aluminio impuestos por Estados Unidos a México, así como la entrada en vigor del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico el 30 de diciembre de 2018 y la relación comercial que actualmente se vive entre Estados Unidos y China, surgen nuevos aspectos clave, ante los cuales las organizaciones necesitan adaptarse e incluso plantear mecanismos que mitiguen o permitan aprovechar el posible impacto en los procesos de negocio para seguir creciendo.

Cambios significativos

El proceso de certificación de origen se flexibiliza, ya que el formato del certificado de origen ya no será obligatorio y se tipifica la posibilidad de que el importador pueda asegurar que el bien califica como “originario”. En México, la implementación podrá tener un periodo de diferimiento no mayor a tres años y medio.
El USMCA también incrementó la regla de minimis del siete por ciento al 10 por ciento. Esto implica que si el valor de todos los materiales no originarios utilizados en la producción de un bien es menor a 10 por ciento del valor de la transacción, el producto se considerará como “originario”.

En la industria automotriz, el valor del contenido regional en vehículos ligeros se incrementó de 62.5 por ciento a 75 por ciento, y de 60 por ciento a 70 por ciento en vehículos pesados, cifras que aumentarán progresivamente en tres y siete años respectivamente después de la entrada en vigor.

Además, la regla de origen también estipula que el 70 por ciento del acero y el aluminio que se utilicen en la fabricación deben ser de la región de Norteamérica, y el 40 por ciento del valor del vehículo debe producirse en países con un sueldo por hora de por lo menos 16 dólares americanos. Adicionalmente, las partes consideradas como primordiales deberán calificarse como “originarias”.

Las autopartes fueron divididas en primordiales, principales y complementarias, con porcentajes de aumento gradual a tres años para quedar en 75 por ciento, 70 por ciento y 65 por ciento del valor de contenido regional respectivamente para calificar como “originarias.

Con respecto a los químicos, textiles y algunas manufacturas de acero, el USMCA también considera cambios en las reglas de origen correspondientes.

Por último, para poder negociar con países no miembros del T-MEC, será necesario haber notificado a los otros socios por lo menos tres meses antes de comenzar las conversaciones; las contrapartes revisarán la propuesta y podrán solicitar modificaciones. En caso de que el país firme un tratado sin la aprobación de los socios, se daría por terminado el acuerdo.

¿Cómo afrontar los cambios?

Para evaluar el impacto de estas medidas en la cadena de suministro, y adaptarse a los cambios, las empresas necesitan una metodología de planeación orientada a corto y a largo plazo; esta puede segmentarse en cuatro puntos relacionados principalmente con los cambios en las reglas de origen:

1. Análisis de impacto: examinar las consecuencias específicas de las nuevas reglas de origen y de minimis, así como estimar el impacto financiero de cambios benéficos y los que no lo son tanto

2. Asesoría operacional: identificar y validar los nuevos requerimientos de información para la calificación de origen y configuración de los sistemas existentes, transitando hacia la automatización de procesos, revisando los términos de los contratos e identificando lagunas y riesgos, así como validando clasificaciones arancelarias y costeo

3. Mitigación y optimización para mejorar resultados: analizar el uso de la regla de materiales intermedios, los ajustes con respecto a las reglas de contenido regional, los cambios en los procesos de manufactura y la relación con los proveedores

4. Implementación: desarrollar casos de negocio específicos, asegurando los recursos internos y externos necesarios, así como los sistemas y la ejecución de medidas orientadas hacia la eficiencia

Con estos elementos, las organizaciones tienen la capacidad de asumir el T-MEC no como un riesgo, sino como una oportunidad de negocios, que podría traducirse en una mayor rentabilidad y crecimiento, aprovechando la innovación como una llave para hacer frente a los desafíos derivados de la nueva dinámica regulatoria.