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Esta semana presentamos dos noticias de ciencia que vienen respectivamente de Alemania y del Reino Unido.

Científicos de la Universidad Martin Luther, Halle Wittenberg, han desarrollado un nuevo proceso para la producción de células de perovskita, que podría permitir la creación de capas de película delgada de perovskita con mejor estabilidad a largo plazo, afirman.

El proceso, la co-evaporación, ya se usa ampliamente en otras industrias. Consiste en calentar los materiales precursores al vacío, hasta que se evaporan, y luego hacer crecer una capa de cristales sobre un sustrato de vidrio más frío.

“La ventaja de este método es que cada parte del proceso se puede controlar muy bien”, explica el autor principal del estudio, Paul Pistor. “De esta manera, las capas crecen de manera muy homogénea, y el grosor y la composición de los cristales se pueden ajustar fácilmente”.

El proceso es descrito en el artículo “Crystal Phases and Thermal Stability of Co-evaporate CsPbX3 (X=I, Br) Thin films”, publicado en la revista Physical Chemistry Letters. El equipo pudo producir capas de perovskita que no se deterioraron hasta alcanzar una temperatura de 360 ​° C. Mediante el análisis de rayos X, el equipo también observó los procesos de crecimiento y descomposición en tiempo real.

Las perovksitas han sido un área importante de investigación en energía solar durante los últimos años, con institutos de investigación y empresas que trabajan arduamente para superar las debilidades en el material que impiden su uso comercial. Los investigadores en este documento afirman que pudieron obtener información importante sobre este crecimiento y deterioro a través de sus observaciones, y que su investigación apunta a un proceso que podría aplicarse a la fabricación a gran escala.

Al analizar el papel de los efectos secundarios sociales en la adopción de soluciones de energía solar, un equipo de investigación del Reino Unido ha descubierto que las barreras culturales y de idioma pueden representar un factor que causa niveles más bajos de desarrollo. 

La proximidad a las fronteras lingüísticas implica tasas más bajas de adopción de soluciones fotovoltaicas sobre cubierta entre propietarios de viviendas y empresas. Esta es la conclusión principal del estudio “Interacciones sociales y la adopción de energía solar fotovoltaica: evidencia de las fronteras culturales”, publicado por el Instituto de Investigación de Grantham sobre Cambio Climático y Medio Ambiente y el Centro para la Economía del Cambio Climático.

En el estudio, tres economistas afirman que las barreras culturales e idiomáticas inherentes a la mayoría de las regiones fronterizas son responsables de una menos penetración de los efectos secundarios sociales y de los procesos de sensibilización que generalmente caracterizan el desarrollo de varios proyectos fotovoltaicos en techos dentro de un área urbana o rural determinada, o región geográfica.

El equipo de investigación, que ha analizado los efectos indirectos en las regiones fronterizas entre las partes de Suiza de habla francesa y de habla alemana, destacó que el boca a boca puede ser un importante instrumento social para convencer a los propietarios de viviendas y empresas de que instalen un sistema solar en sus tejados, a pesar del riesgo que representa la inversión inicial. La imitación puede empujar a las personas a adoptar soluciones sostenibles si ven que otros se están volviendo ecológicos en su vecindario.

Sin embargo, según el equipo, la investigación se ha centrado hasta ahora en analizar los efectos positivos de la propagación social, mientras descuidaba estudiar las barreras potenciales.

“El número de instalaciones que “se pierden” debido a la frontera del idioma no es despreciable, ya que en estas ubicaciones hay un 20 % menos de sistemas fotovoltaicos”, escriben los investigadores en su documento. El efecto de la fronteras, sin embargo, tiende a desvanecerse una vez que se extiende el análisis a un radio de 15 km o más, agregaron.

Además, encontraron que el efecto fronterizo se ve mitigado por la fracción de personas que dominan el idioma del otro lado. “Cuando esta fracción es lo suficientemente alta, la frontera no tiene ningún efecto sobre la adopción de sistemas solares”, dijeron, y agregaron que “en presencia de una barrera cultural, el grupo de individuos a los que “imitar” puede ser más pequeño y limitando el poder de los efectos sociales a la hora de reducir la incertidumbre sobre las inversiones en energía solar”.