Banca verde

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Hoy pv-magazine México reproduce un texto del Ing. Adalberto Padilla quien es actualmente consultor en finanzas climáticas, eficiencia energética y estructuración de proyectos sustentables que la revista Energía Hoy, publicó en días pasados en sus páginas principales.

El experto en temas financieros y su vinculación con el mundo de las energías renovables, presenta líneas generales, pero reveladoras de lo que la banca comercial y estatal realizan en torno al financiamiento de proyectos de energías no contaminantes; pero aún más, el autor describe el potencial que el capital financiero aún puede desplegar a favor de proyectos tanto inscritos en la esfera fotovoltaicos como en el resto de las tecnologías limpias.

A continuación: “Banca Verde”, el papel de la banca en la sustentabilidad y cambio climático, del Ing. Adalberto Padilla.

Ing. Alberto Padilla
Ing. Alberto Padilla

Es evidente la influencia que tiene el acceso al capital financiero para el desarrollo de las diferentes actividades o proyectos que como individuos o sociedades realizamos diariamente. En el tema de sustentabilidad se ha creado una gran conciencia en la necesidad de movilizar y hacer disponible este capital para incidir en el desarrollo de un planeta más viable en el largo plazo.

En la lógica económica básica se parte del hecho de que los recursos son escasos. Estos recursos serán más escasos si no se parte de un modelo que justifique su necesidad y explique una forma de utilizarse razonablemente. Hablando de sustentabilidad está la permanente disputa entre rentabilidad e impacto y en donde parte del reto es hacer convivir estas dos variables que en algunos casos podrían ser antagónicas.

En muchos foros he escuchado decir que para temas de sustentabilidad el problema no es falta de dinero sino la forma de justificar el acceso al mismo. Las instituciones financieras tienen en la mente participar para contribuir en hacer sustentable nuestro planeta, pero tienen el reto de crear modelos de negocio verdes rentables y operacionales que hoy compiten con su negocio tradicional.

En toda esta iniciativa de enverdecer el planeta existe entidades financieras cuya vocación es otorgar recursos que soporten los compromisos de la sociedad y los gobiernos por tener un planeta viable a largo plazo. Ejemplos de estas instituciones son el GCF (Green Climate Fund) y el CTF (Clean Technology Fund) que impulsan la adopción de tecnologías y estrategias para reducir el impacto del cambio climático en el planeta y migrar a una economía menos carbonizada.

Antes de comentar el papel de la banca en este tema vale la pena hacer la distinción entre financiamiento “verde” y financiamiento “climático”: el primero promueve acciones para una gestión sostenible del medio ambiente como por ejemplo la conservación de biodiversidad, reducción de contaminación, reducción de uso de recursos naturales como el agua, reducción de degradación de tierras y desertificación, entre otros. El financiamiento “climático promueve acciones de mitigación y adaptación al cambio climático, concretamente para reducción de gases a efecto invernadero (GEI) o proyectos que incrementan la resiliencia a impactos de cambio climático como puede ser cambios en la intensidad y frecuencia de lluvias, temperatura, etcétera.

Las instituciones financieras, especialmente los bancos, ya sea banca privada, banca de desarrollo local o banca multilateral, han puesto un gran interés en incursionar en la sustentabilidad. Reconocen que son actores fundamentales en este tema y que además este tema es una fuente para el desarrollo de proyectos rentables en muchos casos.

Para estas instituciones la decisión de incursionar en la sustentabilidad no es sencilla ya que convertir la operación de un banco en verde de la noche a la mañana es impensable. Se requiere de estrategias bien pensadas para ir migrando y adoptando de una manera paulatina las operaciones del banco hacia un sentido ambiental y social, manteniendo sus operaciones diarias y creando oportunidades de negocio.

Cada banco ha establecido sus estrategias para afrontar este reto. Como una tendencia general se pueden identificar cuatro iniciativas que integrándose hacen que un banco pueda llamarse “verde”:

•Desarrollo de una estrategia de sustentabilidad en sus propias operaciones disminuyendo cualquier impacto que el banco tenga al desarrollar sus actividades y creando conciencia en sus empleados, clientes y socios para que actúen en congruencia.

•Ampliar su oferta de productos y servicios financieros con un enfoque a la sustentabilidad, como sería impulsar el financiamiento de proyectos renovables, eficiencia energética, desarrollo sustentable del campo, entre otros.

•Implementar sistemas de evaluación de riesgos ambientales y sociales, especialmente en sus operaciones grandes, en donde se pueda dimensionar el impacto que los proyectos tendrán en estos rubros llegando inclusive a declinar su participación si el impacto no es favorable o existe un alto riesgo de siniestro.

•Fomentar la cultura de la sustentabilidad en la sociedad civil fomentando el desarrollo de proyectos, programas y empresas con un sello verde.

En todo el mundo esta tendencia de finanzas verdes ha tomado forma. El término de “banca verde” se ha acuñado en el medio financiero con mayor fuerza.

En lo más cotidiano, la banca privada estará acercando productos verdes a sus clientes. Hoy existen casos de productos orientados a la adquisición de vehículos híbridos o eléctricos. El financiamiento de la energía fotovoltaica también es un tema evidente. La banca participa también ayudando a ser más eficientes energéticamente a las empresas por medio de financiamientos en su modernización.

Desde un punto de vista global o regional existen áreas de la banca de desarrollo multilateral enfocadas a sustentabilidad como es el caso del Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial, quienes poseen divisiones cuyo mandato es la sustentabilidad.

Desde un actuar local, las bancas de desarrollo nacionales han creado iniciativas y áreas destinadas a fomentar negocios verdes. En México ya he comentado en otras participaciones el caso de Nafin, Bancomext, Banobras, FIRA y Sociedad Hipotecaria Federal. El papel de estas instituciones es fundamental ya que permiten dar viabilidad a diferentes elementos que hacen que los financiamientos sucedan. Un caso muy evidente es la capacidad que brindan para extender sus plazos de financiamiento o combinar recursos concesionales que hacen que los proyectos sean atractivos para instituciones financieras privadas.

Existen instituciones financieras, también locales, cuyo énfasis y mandato es el de atender negocios verdes. Tal es el caso del Banco Verde de Connecticut. Esta institución establecida en esta región de Estados Unidos de América busca conseguir fuentes de energía más limpias, menos costosas y más confiables mientras se crean empleos y se apoya el desarrollo económico local.

A nivel de innovación en instrumentos de banca verde también hay casos que contar como lo que en un artículo anterior tuve oportunidad de platicarles sobre los “bonos verdes”, que no es otra cosa más que poder bursatilizar portafolios de proyectos sustentables y ponerlos a disposición del mercado inversionista como un medio para que participen en iniciativas de sustentabilidad desde el lado de la oferta de capital.

Dada la conciencia que se ha logrado en el tema ambiental y de cambio climático, además de la evolución de las tecnologías relacionadas con este tema, este concepto de “banca verde” será algo que se volverá cotidiano y formará parte de la oferta de servicios de los bancos a todos los niveles, desde individuos, empresas hasta entidades gubernamentales.