¿Hacia donde va México en el sector fotovoltaico?

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Pasadas las elecciones, y a punto de finalizar en campeonato mundial de fútbol, la vida vuelve a tomar su carácter tradicional, con excepción de los que seguimos el Tour de France que este año recorrerá 3,351 kilómetros.

Ahora sí, retornemos a la realidad. Las elecciones tuvieron el resultado esperado y el gran perdedor fue el partido en el poder. En gran medida fueron problemas creados por ellos mismos pero la historia juzgará, en mi opinión, más benignamente a esta administración. Uno de sus legados será, sin duda, la Reforma Energética pero, particularmente importante, lo relativo al apoyo de las energías renovables.

La Ley de Transición Energética impulsó en forma dramática el crecimiento de esta industria y los Certificados de Energía Limpia (CEL) que fueron rechazados por los grandes consumidores de energía, dada su incertidumbre en el precio que tendrían, constituyeron un asunto muy ríspido. Al no tener acuerdo, el Gobierno optó por dejar de negociar y publicar la ley el 24 de diciembre del 2015 en el Diario Oficial de la Federación. No era un buen presagio.

Ahora, a un poco más de 30 meses vista y después de tres subastas exitosas (aunque falta por ver cuánto se construye finalmente), el panorama tiene un matiz mucho más agradable y con buenas perspectivas.

La energía fotovoltaica apareció en México en un momento oportuno, ya que iniciaba el desplome de precios a niveles insospechados, lo que le permitió ganar participación de mercado a la energía eólica.

Hasta ahora, con todo y sus altibajos, el balance es muy positivo pero, ¿qué nos depara el futuro? Mi opinión es que lo mejor está por venir. La caída de precios, propiciada por la decisión del gobierno chino de retirar apoyos, propiciará retornos sobre la inversión más rápidos. Aunemos el retiro del amparo de CFE , que tiene un efecto más psicológico que económico, y el panorama luce halagador.

Sin embargo hay algunos nubarrones en el horizonte. Las tarifas de la CRE, al reflejar costos reales, harán que los que no instalen sistemas fotovoltaicos tendrán que asumir el costo de distribución aumentando su tarifa. Esto se percibirá, correctamente, como un favoritismo a los más pudientes y el que reciben respaldo de la red en forma gratuita. No hay que minimizar este riesgo, ni tampoco menospreciarlo, ya que los que se dedican a esto lo llevan a cabo diariamente, algo así como “pues no es para tanto”.  También un resurgimiento del sindicalismo, donde el SME sigue vivo y coleando, que puede causar disrupciones. Coincido que ambos casos no son realmente preocupantes pero no por ello despreciables.

De nuevo: lo mejor está por venir.